En la sociedad es notorio el aumento de la inseguridad, de la intolerancia y de la violencia, no solo en casa, sino en las calles, escuelas, lugares de trabajo, etc. Se puede detectar en cualquier entorno. Se ha estado hablando del “bullying” como si fuera un concepto relativamente nuevo. Sin embargo, siempre ha existido; la diferencia es que es un hecho al cual se le ha cambiado la perspectiva, el nombre y además, hoy en día se habla más de los “derechos” y de la protección, sobre todo a los menores de edad.
Este término se refiere a la agresión o acoso recibido de una o varias personas y, en muchas ocasiones, puede que sea constante. Algunos niños que son víctimas solo desean terminar el ciclo escolar deseando que sean vacaciones o para que pueda cambiarse de escuela.
En cuanto a la agresión, hay muchos tipos, no necesariamente debe ser física, sino puede ser psicológica o emocional que se efectúa por medio de ofensas o burlas. La violencia puede ser social, cultural, económica, sexual, doméstica y hasta cibernética, gracias a los avances tecnológicos.
¿Por qué ha cobrado importancia hablar sobre el bullying? Aunque es difícil obtener una estadística de cuántas personas lo sufren, los resultados en investigaciones afirman que 7 de 10 niños han sufrido algún tipo de agresión cuando menos. Es difícil tener cifras exactas, sobre todo porque las victimas tienden a estar amenazados y a tener miedo, aunque es claro que las agresiones han aumentado, especialmente en Instituciones de educación básica y de igual manera en el caso de las mujeres, pero no solo como víctimas, sino como agresoras.
No es posible mencionar una causa que genere una conducta violenta, ya que hay muchos factores. Hay riesgo de que exista violencia cuando no hay buen manejo de la disciplina y monitoreo en el hogar, hay falta de límites y normas, cuando hay poca habilidad social, ausencia de inteligencia emocional o mal manejo del enojo, falta de control y de asertividad, poca tolerancia a la frustración, mal manejo de conflictos, ausencia afectiva, de apoyo y de comunicación, ausencia de valores, maltrato, vivir en condiciones de marginación, abandono, insatisfacción, problemas económicos en casa, presencia de excesos como alcoholismo o drogadicción, entre otros.
Se puede detectar la conducta agresiva en los niños cuando cambia de ánimo abruptamente, comienza a tener pocos amigos y los amigos que tiene son agresivos, cuando es agresivo en la forma de jugar, tiene interés por armas u objetos punzantes, presenta intolerancia y enojo incontrolable, no sabe perder en los juegos, es burlón y grosero, es chantajista, puede mentir, hay conductas violentas con animales, problemas de conducta en la escuela, se siente vigilado o perseguido por autoridades de la escuela. Usualmente no están conscientes y se preocupan de las consecuencias de los hechos.
Es importante que ante el cuidado de los hijos no se caiga en la sobreprotección ni en la indiferencia hacia ellos. Hay que ayudarles a encontrar soluciones asertivas, aprendiendo a manejar el estrés, la ansiedad y fomentar su autoestima. Estar al pendiente de las influencias del medio y sus amigos y poner buenos ejemplos a los niños. Sobre todo porque puede haber consecuencias tales como depresión, sentimientos de culpa, vergüenza y temor. Algunos niños no hablan sobre el acoso que puede estar presentando, por ende, hay que estar al pendiente si hay algún síntoma visible como la fatiga, sentimiento de tristeza, aislamiento, deseos de cambiar de escuela, bajas calificaciones o rendimiento escolar, insomnio, problemas de salud, presentar la ropa rota o sucia, pedir dinero constantemente, “pierde” sus cosas u objetos personales, etc.
En el caso de las víctimas de los bullies, muchos niños, en casa, viven u observan violencia familiar y es posible que adopten un rol de sumisión que es un papel aprendido por lo que no saben cómo defenderse y son más vulnerables, o bien, puede suceder todo lo contrario que se identifique con el agresor y asuma ese papel.
Me parece que es importante realizar planes de prevención y difundir la información. El bullying puede ser producto de un problema de educación y de problemas en casa. Actualmente, sobre todo en escuelas, hay cursos y talleres sobre el tema que son dirigidos a niños, padres y maestros. Así como es necesario que haya una cultura de prevención, donde los padres juegan el papel primordial, también debe existir un plan de acción para saber las causas y cómo reaccionar ante un evento de violencia. No es recomendable escapar o evadir el problema y en vez de imponer castigos, es mejor premiar las buenas acciones para reforzar esas conductas; los padres, a su vez, también deben controlar y manejar su preocupación y ansiedad. Además, hay que enseñarles que el sentir enojo, miedo u tristeza es normal, no hay que enseñarles a no sentirlas sino a manejarlas. Situaciones de este tipo son complicadas y más si no se habla sobre ellos, hay que comunicarlo, expresar los sentimientos y pedir ayuda a un profesional.