Más allá de los síntomas físicos


Una enfermedad no solo implica factores biológicos, sino también factores sociales y psicológicos. Desafortunadamente, algunos profesionales en la salud se enfocan al tratamiento de los síntomas físicos sin darle tanta importancia a las causas de estos. Hay que considerar que los molestos síntomas también tienen una implicación positiva, ya que son manifestaciones de los intentos que hace el mismo organismo para lograr la curación.

La personalidad del individuo puede acelerar o disminuir los síntomas orgánicos y viceversa, ya que ante situaciones adversas o cuando existe estrés se producen cambios conductuales, tales como irritabilidad, ansiedad, estrés y hasta depresión, según la persona.

Desde una gripa hasta un cáncer, por ejemplo, se manifiesta, se siente y se vive de manera única y cada uno de los enfermos tiene pensamientos, miedos y fantasías diferentes. Lo anterior está directamente relacionado con la emoción, que es un fenómeno psicofisiológico que es funcional para reaccionar y adaptarnos ante distintos estímulos y ambientes.

Cuando no hay un buen manejo de las emociones, como la represión de ellas, se pueden generar enfermedades psicosomáticas, tales como colitis, gastritis, migraña, contracturas musculares, enfermedades respiratorias y cardiovasculares, solo por mencionar algunas. Estas enfermedades cuentan con síntomas físicos que son evidentes pero las causas son multifactoriales, por ello se desconoce la razón precisa de la enfermedad. De hecho, en algunas ocasiones, los síntomas desaparecen aún sin algún fármaco. Por ejemplo, un paciente ante una enfermedad puede sentir ansiedad. La ansiedad trae consigo síntomas físicos, tales como sudoración, molestias gástricas, palpitaciones, mareo, dolor de cabeza, temblores, etc. Si no se trata la ansiedad se puede convertir en un síntoma crónico y puede afectar algún área o un órgano de nuestro cuerpo. Es por ello, que nuestras emociones están altamente relacionadas con el cuerpo y además nuestro sistema inmunológico puede debilitarse, provocando que seamos vulnerables ante otras enfermedades.

Es importante tener conciencia de las implicaciones que tiene una enfermedad física en las emociones y viceversa. Para una mejor calidad de vida es de gran utilidad el realmente darnos cuenta de nuestras emociones para así, tener un buen manejo y equilibrio de ellas. En caso de que exista una enfermedad biológica, informarnos y tener conciencia de lo que conlleva para evitar ideas falsas o miedos irracionales, tener una buena actitud hacía la enfermedad y tener conocimiento de nosotros mismos, de nuestros deseos y necesidades para satisfacerlos y lograr un equilibrio psicológico, que a su vez, se reflejará en un bienestar físico.