¿Quién no se ha sentido estresado alguna vez? El estrés es una experiencia emocional negativa que genera cambios bioquímicos, fisiológicos, cognitivos y conductuales, para así alterar el evento estresante o adecuarse a sus efectos, menciona Baum, 1990).
Pero… ¿por qué se genera el estrés? El sentir estrés es una manera de que reaccionemos para que nos demos cuenta de que algo no está bien y así podamos encontrar alguna solución. Es decir, es una respuesta de nuestro cuerpo ante las condiciones que nos perturban. Incluso, puede decirse que es el resultado del proceso de la evaluación de los eventos.
Cualquier respuesta emocional puede desencadenar estrés, siendo situaciones positivas como negativas, aunque es más común que los negativos causen estrés que los positivos. Los eventos negativos se valoran en términos de posible daño, amenaza o reto que representen. Un daño es la evaluación de los efectos perjudiciales que un evento haya realizado; una amenaza, en cambio, es la evaluación de un posible daño causado a futuro. Así mismo, los eventos negativos muestran una mayor relación con la tensión psicológica como con síntomas físicos, debido a la implicación directa en el autoconcepto (percepción sobre sí mismo), produciendo baja autoestima o causando sentimientos de seguridad o identidad.
Existen otros eventos, que son los incontrolables o impredecibles, que causan mucho más estrés que los que se pueden predecir o controlar como por ejemplo accidentes o escándalos repentidos. También los eventos ambiguos son más estresantes en general, debido a que no son claros. Cabe mencionar que puede haber excepciones a estos patrones.
Las respuestas fisiológicas causadas por el estrés producen secreción de hormonas como la adrenalina, aumento de la presión arterial y de la insulina. Estas reacciones son sanas ante los eventos estresantes debido a que nos permiten defendernos del peligro y estar alerta, aunque a largo plazo, si el estrés persiste y las condiciones no son favorables, se puede generar fatiga crónica, ulceras, colitis, insomnio, alteraciones en la piel, neuralgia, dolores musculares, pérdida o aumento de apetito y, en un extremo, problemas cardiovasculares.
En cuanto a las respuestas psicológicas o emocionales se incluyen el miedo, ansiedad, angustia, vergüenza, enojo, depresión, excitabilidad, negación, entre las más importantes. Además, se pueden generar modificaciones en los hábitos de salud, tales como aumento del tabaquismo y del consumo de alcohol, disminución de la nutrición, debido a los cambios alimenticios, disminución en el dormir y el aumento de uso de drogas.
El estudio de los estresores ha favorecido el estudio del estrés pero no permite explicar por completo esta respuesta. Algunos estresores son: el ruido, malas relaciones interpersonales, entrevistas de trabajo, lugares muy concurridos, realizar un examen, entre muchos otros. La forma de cómo se perciba un estresor determinará si éste se vive como estresante o no para la persona.
Si contamos con suficientes y adecuados recursos personales, es posible que el estrés disminuya y que el evento estresor se perciba más como un reto personal. Las valoraciones que se hagan sobre el reto se asocian con las expectativas de seguridad en la habilidad para manejar reacciones emocionales más favorables para el nuevo evento.
Usualmente, todas las personas son capaces de adaptarse a los estresores si éstos son moderados o predecibles. Es normal sentir estrés al principio de cualquier situación novedosa o amenazante y se elimina con el paso del tiempo.
Los efectos posteriores del estrés pueden producir disminución en el periodo de atención, ejecución de tareas y de sus actividades diarias. El síndrome de estrés postraumático se desarrolló para explicar los efectos que sufren las personas que han vivido situaciones estresantes extremas como sufren los veteranos de guerra, por ejemplo. Las personas reviven aspectos de la situación traumática, reprimen emociones, vigilan las actividades de otros, tienen sentimientos de culpa, dificultad para dormir, respuestas exageradas ante ruidos fuertes, entre otros. Éste síndrome se liga a cambios en los sistemas reguladores del estrés.
Es importante percatarnos cuánto tiempo persisten los síntomas y analizar las situaciones estresantes. Muchas veces es necesaria una valoración médica para descartar algún problema orgánico o causa física y psicoterapia para encontrar herramientas útiles a aplicar al lidiar con el estrés.
Aunado a lo anterior, siempre es de gran ayuda realizar actividades deportivas, tener un pasatiempo, buscar ayuda profesional, compartir los sentimientos con familiares y amigos, hacer uso de técnicas de relajación como la respiración, por ejemplo, no adquirir nuevas responsabilidades en momentos de crisis hasta sentirnos adaptados a la nueva situación, evitar la sobrecarga de las tareas diarias y hasta generar cambios en los hábitos y actividades diarias, tales como modificar horarios, etc.