Hasta hoy en día, la esquizofrenia es un trastorno mental no muy conocido y, hasta puede confundirse con otras enfermedades mentales. Por lo que es importante señalar algunas definiciones. El término esquizofrenia significa literalmente “mente dividida” o escindida (Bleuler, 1911). Para Bleuler, E., la esquizofrenia era la enfermedad de las cuatro Aes: autismo, ambivalencia, asociaciones laxas del pensamiento y afectividad aplanada. Estas Aes son síntomas y no características. Señala también, que el curso de la esquizofrenia aparecía desde la infancia.
El pensamiento autista se refiere a los procesos del pensamiento que no son utilizados en la mente consciente y en vigilia del observador, donde el tiempo y el lugar, lo posible y lo imposible casi no tienen cabida. Indica también que estos procesos no pueden seguirse con facilidad por el observador.
La ambivalencia se presenta en el estado de mayor desarrollo, y las emociones opuestas tienden a neutralizarse una a otra, lo cual hace difícil o casi imposible para el paciente expresar cualquiera de las dos, sufriendo una mezcla afectiva entre odio, temor y amor.
Las asociaciones laxas o la inconexión asociativa, aparecen en el pensamiento y en el manejo de las palabras, éstas son la mezcla de diferentes ideas, lo que provoca incoherencia y ausencia de lógica en el discurso. Estas manifestaciones son muy frecuentes, lo que complica el entendimiento de las expresiones del sujeto.
La afectividad aplanada o apatía, se refiere a las diferencias entre las respuestas “normales” y las emocionales. Es decir, pueden aparecer sentimientos que no están de acuerdo con las ideas expresadas o porque la calidad de la emoción es excesiva o mínima.
“Muchas esquizofrenias y enfermedades manifiestas son intensificaciones de un carácter ya existente, las anomalías autistas del carácter serían los primeros síntomas del trastorno…” (Bleuler, 1911).
Según el DSM-V, la esquizofrenia, a groso modo, muestra síntomas psicóticos, la alteración debe persistir por lo menos 6 meses para considerarse como tal, incluyendo 1 mes de síntomas de la fase activa y tener por lo menos 2 de las siguientes características: alucinaciones, ideas delirantes, lenguaje desorganizado, comportamiento desorganizado o catatónico y síntomas negativos (lo que se explicará más adelante). Regularmente, el esquizofrénico cuenta con una disfunción en una o varias áreas de sus actividades, ya sea en las relaciones interpersonales, trabajo, estudio, higiene y cuidado personal, aunque éstas son más claras antes de la presencia de los síntomas. Desgraciadamente, si empieza a aparecer desde la niñez o adolescencia, no solo habrá una disfunción, sino un fracaso en las expectativas del sujeto.
Muchos de los esquizofrénicos no tienen un progreso educativo adecuado ni son capaces de perdurar en un trabajo. Entre el 60-70% tienen un desarrollo y contacto social limitado, siendo incapaces de mantener relaciones interpersonales adecuadas, por lo tanto no cuentan con una pareja estable y, por lo general, no contraen matrimonio.
Una disfuncionalidad permanecerá en algunos periodos sustanciales y no será el resultado de un síntoma directamente. Por ejemplo, un individuo puede abandonar la universidad debido a ideas delirantes de que sus compañeros tienen algo en su contra y desean destruirlo; en cambio cuando existen varias disfuncionalidades como un patrón general, puede ser la excepción de lo anterior, mostrando problemas para relacionarse con los demás, disfuncionalidad laboral y/o escolar, entre otras actividades.
Es necesario aclarar que un esquizofrénico es un psicótico. Pero el que se les llame “psicóticos” parte de la presencia de un cierto deterioro que evita la funcionalidad cotidiana, o la incapacidad de responder a las situaciones de la vida. Después de varios estudios sobre el concepto “psicótico”, hoy se señala que es “la pérdida de las fronteras del ego o un grave deterioro de la evaluación de la realidad” (DSM-V). Puede producirse por factores orgánicos, incluso tóxicos o psicológicos, o bien, por una combinación de las tres.
Desde el punto de vista social, se trata de un trastorno grave de la personalidad que evita u obstaculiza seriamente las relaciones interpersonales. La adaptación vocacional, social y sexual también sufre notablemente. La psicosis comprende la desorganización grave de diversas funciones de la personalidad: percepción, memoria, juicio, etc. Los psicóticos, por lo general, no se percatan de sufrir un trastorno de la personalidad a pesar de presentar uno o más de los siguientes síntomas: ideas delirantes, alucinaciones e ilusiones, y desde la perspectiva dinámica, aparece una grave deficiencia en las funciones del ego. El sentido de realidad es defectuoso. Hay conflictos entre el id y el ego, y entre el ego y medio ambiente, que previamente habían sido suprimidos y reprimidos, pero que en la psicosis salen a la superficie.
Además de la dimensión de este trastorno, aparece la dimensión de desorganización, así como un comportamiento y lenguaje con las mismas características, es decir, un trastorno formal del pensamiento y una pérdida de las asociaciones.
Para Kaplan-Sadock, la esquizofrenia es un trastorno de tipo psicótico con brotes agudos, donde la duración varía. La percepción se afecta por medio de alucinaciones, además de manifestarse ideas delirantes, asociaciones laxas, aplanamiento afectivo o inapropiado y conducta catatónica o desorganizada.
Para cerrar esta parte, Michael Foucault llega a tres conclusiones en su obra “La Historia de la Locura”. En la primera, señala que ésta sólo se da en sociedad, de modo que no estaría asociada a lo cerebral. En la segunda, tomaría distintas figuras en función del trato social, según los insensatos ante la razón y los médicos del siglo XIX y los esquizofrénicos ante el estudio de los neurobiólogos del siglo XX, de esta manera no se puede saber donde está la evolución psiquiátrica. La tercera, sostiene que la locura siempre se sale con la suya, de manera que la clínica tiene que justificarse ante ella por no entenderla.
Como mencioné anteriormente, la esquizofrenia se manifiesta en quienes padecen síntomas psicóticos, por ser más vulnerables a actuar peligrosamente y adoptar conductas inapropiadas, como por ejemplo, intento de suicidio o abuso de sustancias. Todos los síntomas llevan a un grado de disfuncionalidad social o laboral, cognoscitivas y emocionales. En cuanto a la sintomatología estrictamente hablando, contamos con síntomas positivos y negativos. Los positivos o síntomas psicóticos no sugieren una connotación “buena”, por considerarse a aquellos síntomas que no deberían de estar y, provocan la pérdida de la realidad. Estos, según el DSM-V, parecen reflejar un exceso o distorsión de las funciones normales. Algunos de los síntomas positivos son: lenguaje y comunicación desorganizados y confusos, agitación psicomotriz o catatonias, disfuncionalidad en una o varias áreas, irritabilidad, ideas delirantes (distorsiones o exageraciones del pensamiento), alucinaciones, agresión y comportamiento desorganizado.
Los síntomas negativos no son tan severos como los anteriores, pero no dejan de ser igual de importantes. También debe aclararse que la connotación, no se refiere a una cuestión de actitud, sino simplemente, llegan a interferir en el desarrollo de la vida cotidiana del sujeto. A diferencia de los síntomas positivos, éstos reflejan una disminución o pérdida de las funciones normales. Algunos de los síntomas negativos son los siguientes: afecto aplanado, alogia (restricción del ámbito y de la intensidad de la fluidez y productividad del pensamiento y el lenguaje), abulia (restricción del ámbito y de la intensidad del inicio del comportamiento dirigido a un objetivo), anhedonia (pérdida de interés o de placer), aislamiento social y afectivo, astenia (falta de energía o vigor), disminución de motivación y de interés en general, capacidad hedónica y, voluntad y atención pobre.
En cuanto al lenguaje, éste llega a ser comprensible, pero puede ser pobre, vago, abstracto o concreto al extremo. El comportamiento es muy peculiar y en algunos casos no es tan desorganizado, por ejemplo, puede tenerse un comportamiento normal pero puede coleccionar objetos sin valor, hablar o murmurar a solas, ocupar la mayor parte del tiempo en comer cosas tiradas, ocupar el tiempo en mirar al cielo en busca de algo en particular, etc.
Las ideas delirantes, básicamente, son creencias erróneas que implican una mala interpretación de las experiencias; pueden ser de diversos temas como: místico-religioso, grandiosidad, referencia, persecutorio (el más frecuente), control y somático. En algunas ocasiones las ideas no son delirantes, sino creencias inhabitúales o extrañas que no son del todo delirantes, como por ejemplo ideas de autoreferencia o pensamiento mágico.
Las ideas delirantes de persecución provocan el sentirse molesto, perseguido, espiado o amenazado. En las ideas delirantes de referencia el sujeto supone que comentarios, canciones, textos, gestos, entre otros, le son dirigidos a él.
Las alucinaciones, representan para la psiquiatría una alteración de la percepción o falsas percepciones donde no existe un estímulo externo que las generen, aunque muchos psicólogos indican que es una interpretación del propio delirio. Para Orwell G. (1984) son una estructura de lenguaje que dependen de la semántica, siendo espontáneas. Ya sean olfativas, visuales, auditivas (las más comunes), gustativas o táctiles, pueden tener distinta temática, pero sobre todo son amenazantes o peyorativas. Son siempre soluciones parciales, pero representan más problema que solución; tienen sentido dentro del contexto histórico de la historia personal del sujeto.
En algunos casos, se tienen experiencias perceptivas no habituales, tales como sentir a un ángel, o la presencia de fuerzas o vibras invisibles, con ausencia de alucinaciones.
Es necesario aclarar que para evaluar y diagnosticar, hay que tomar en cuenta a la cultura. En muchas ocasiones para nuestro grupo cultural, puede ser que una alucinación o un delirio sea extraño o raro, pero dentro de un contexto cultural puede ser normal.
Debo referirme a algunos factores psicosociales que influyen en la gravedad de los síntomas, como la pobreza y la desnutrición, el mal uso, abuso y dependencia de sustancias, o pérdidas, que pueden conducir a la aparición de síntomas positivos y, por último el retraimiento o aislamiento social, sobre todo en la vejez.
¿Qué factores causan el desencadenamiento de la esquizofrenia?
Morel, trató de explicar las locuras hereditarias, descubrió que en muchas familias había una recurrencia elevada de manifestaciones psicopatológicas sobre varias generaciones. Bioquímicamente, la esquizofrenia es una alteración metabólica determinada por factores genéticos, caracterizado por alteraciones de este proceso que interviene en la desintegración de compuestos endógenos que aún no se conocen por completo. Se sabe que hay un defecto genético y que el estrés también está relacionado.
En cuanto a la neuroquímica, se postula la existencia de una alteración de la función dopaminérgica, de la serotonina, y de otros neurotransmisores y neuropétidos (moléculas encargadas de la regulación de la ingesta, control del dolor y del aprendizaje). Muchos síntomas se relacionan con la dopamina y los receptores dopaminérgicos. También se han hecho muchos estudios donde el cromosoma 5q puede jugar un papel muy importante en la aparición de la patología. Otros autores relacionan la esquizofrenia con el medio prenatal, donde la nutrición y la suministración de oxígeno son elementos necesarios.
Hay muchos trabajos sobre la etiología del trastorno y la mayoría considera la vulnerabilidad a esta patología como la suma de los factores de riesgos ambientales y genéticos.
Usualmente, la esquizofrenia se desarrolla en fases. La primera es la prodrómica, donde se produce la gestación de los síntomas, sobre todo negativos que conducen a una disfunción social. La segunda o la fase aguda es donde se presenta la crisis donde los síntomas son muy notorios, los síntomas presentes pueden ser los positivos, aunque se puede confundir con otros trastornos. La tercera fase es considerada como de continuación, donde se mantienen los síntomas ya señalados. Posteriormente, hay una fase estabilización donde hay una mejoría en general, pero con descuido se podría volver a la crisis. Por último, en la etapa residual, se tratan de llevar a cabo las actividades diarias, pero con algunas limitaciones. Puede llegar a surgir algún o algunos síntomas negativos y es posible recaer a la etapa aguda.
En cuanto al tratamiento, lo ideal es acudir con médicos psiquiatras para un buen diagnóstico del trastorno, así como el manejo de medicamentos, que son indispensables. La terapia psicológica también es de gran ayuda, ya que la dinámica familiar puede ser un factor desencadenante en el desarrollo de la patología y, el apoyo familiar, en el sentido de que hay muchas personas que se encuentran abandonadas debido a que los familiares no conocen el trastorno como tal o no comprenden la enfermedad. A su vez, el apoyo o contención familiar favorece a que el paciente siga un buen tratamiento.
En la mayoría de los Hospitales Psiquiátricos existe el fenómeno de puertas giratorias, que se refiere al continuo ingreso y egreso de un mismo paciente por la aparición de cuadros psicóticos durante muy cortos lapsos de tiempo, de tal modo que la permanencia en servicio de hospitalización puede llegar a ser más amplio que la permanencia en su domicilio. Este fenómeno puede ser consecuencia de una inadecuada adherencia terapéutica a los medicamentos, falta de atención psicológica, pobre contención familiar y disfunciones sociales. Muchas veces el desinterés familiar, la ignorancia y la falta de conciencia sobre la enfermedad, y los problemas económicos impiden tener un adecuado tratamiento farmacológico.
Por último, según el DSM-V, hay factores que implican un mejor pronóstico tales como: buen ajuste premórbido, el principio agudo, una edad más avanzada de inicio, sexo femenino, acontecimientos precipitantes, alteraciones del estado de ánimo asociadas, duración breve de los síntomas de la fase activa, buen funcionamiento entre los episodios, síntomas residuales mínimos, ausencia de anormalidades cerebrales estructurales, función neurológica normal, historia familiar de trastorno de ánimo y no tener historia familiar de esquizofrenia