La psoriasis es una enfermedad crónica de origen desconocido que ataca principalmente a adultos de temprana edad. En México, se encuentra entre los quince padecimientos dermatológicos más frecuentes.
Los síntomas pueden aparecer sin aviso alguno y son: enrojecimiento en el cuero cabelludo y otras áreas del cuerpo como brazos, codos, piernas, rodillas, caderas, área genital y uñas; también se puede presentar descamación y comezón, así como sangrado en las partes afectadas; inclusive, es posible que se presente dolor e infecciones secundarias de la piel. En algunas ocasiones desaparecen los síntomas y luego se reactivan.
Además de los molestos síntomas físicos, las personas que presentan esta enfermedad sufren psicológicamente debido a que muchos son víctimas de discriminación o burlas; puede generar depresión e irritabilidad, ya que se desconoce la existencia de esta enfermedad. De hecho, no afecta la funcionalidad del organismo, sino que principalmente es el señalamiento o el rechazo de la sociedad. Cabe mencionar que no es contagiosa.
El padecimiento se asocia con los factores genéticos y existen factores desencadenantes como el hecho de ejercer presión sobre la piel, el estrés, la hipertensión arterial, la diabetes, la obesidad, el padecer infecciones constantemente, las bacterias o infecciones virales, la piel seca, las lesiones en la piel como quemaduras o picaduras, mucha o poca luz solar y la frecuente ingesta de analgésicos y bebidas alcohólicas y, el fumar.
Algunos especialistas afirman que es posible que el sistema inmunológico del organismo confunda las células sanas por sustancias adversivas y así es como se desarrolla la enfermedad. Además, los síntomas pueden agravarse si se padecen otros trastornos o si el sistema inmune se encuentra debilitado, como por ejemplo, tener SIDA, depresión, artritis reumatoide y estar sujeto a quimioterapias.
Algo interesante, según la revista “Journal of the American Medical Association”, es que investigadores británicos han asociado la psoriasis a los ataques cardíacos, ya que según estudios, personas entre 40 y 50 años que padecían psoriasis aguda eran 2 veces más propensos a sufrir un ataque cardíaco que las que no tenían ese padecimiento. Esto por las respuestas del organismo ante infecciones y lesiones como la inflamación. Ante estos resultados hay que visitar al médico para descartar que no haya riesgos cardiovasculares.
Aunado a lo anterior, los cambios emocionales, tales como angustia, ansiedad, depresión y estrés crónico, también conllevan a los brotes de los síntomas de la psoriasis.
Se sabe hasta el día de hoy que no existe una cura, pero sí es posible controlarla con algunos tratamientos como humectantes, pomadas, cremas, lociones, inyecciones, la fototerapia y suplementos alimenticios que contengan vitamina A o D. De hecho, debido a la incertidumbre de la enfermedad, muchos la denominan como una enfermedad psicosomática, es decir de origen psicológico.
Tal vez se pregunte sí existe alguna manera de prevenir la psoriasis. En realidad, no hay una forma de prevención. Se sabe que el cuidar la piel por medio de la humectación y la limpieza puede ayudar a reducir los riesgos, siempre y cuando no irrite la piel.
Es necesario consultar al médico si a pesar del tratamiento, continúan las molestias, sobre todo si se presenta dolor, fiebre, síntomas de artritis o brotes graves y para descartar los riesgos cardiovasculares, sobre todo si sufre de alto nivel de colesterol.
En cuanto a las medidas que hay que seguir para sobrellevar la psoriasis se encuentran: no rascarse o frotarse, no fumar, no beber ni comer alimentos altos en grasas saturadas e hidratar la piel. Además, como se mencionó anteriormente, la mayor parte de los pacientes con psoriasis sufre de problemas emocionales o de origen psicológico como trastornos de sueño e intranquilidad. Se aconseja realizar técnicas de relajación o antiestrés, tener paciencia, informarse más sobre el padecimiento y en caso necesario acudir a psicoterapia para fortalecer el autoestima debido a los estragos provocados por la sociedad.