La importancia del sueño


En realidad el dormir bien es una actividad gozosa, aunque puede ser un martirio si no logramos dormir el tiempo necesario, ya que puede producir fatiga durante el día hasta el grado de perjudicar las actividades o relaciones que solemos realizar.

En general, se recomienda dormir 8 horas, aunque el promedio de horas del sueño oscilan entre 5 y 10 horas. El tiempo que requerimos para dormir es particular, ya que varía de persona a persona según la genética, la edad, las características físicas y mentales, entre otros factores. También existen personas que son hipersomnes e hiposomnes, que son aquellas que requieren dormir más en el caso de los primeros y, menos en el caso de los segundos.

El factor de la edad, como se mencionó en el párrafo anterior es importante, ya que mientras más edad tenemos menos dormimos. Los bebés, por ejemplo, pueden emplear 16-18 horas en el sueño. Un niño de 4-5 años en promedio entre 10 y 12 horas. Con el paso del tiempo, el sueño se estabiliza y alrededor de los 20 años se requieren de aproximadamente 7 a 8 horas y, en la vejez puede ser de menos de 7 horas. Además de la edad, las actividades toman un papel fundamental, ya que los jóvenes y adultos duermen menos por las actividades como el trabajo, los estudios, los hijos, las relaciones sociales, etc.

El estrés o los desvelos repercutirán en el descanso, por lo que se requiere de relajación y soltar los problemas del día. De hecho, el sistema inmunológico y la homeostasis del cuerpo se ven afectados por no dormir bien y lo necesario, además de generar ojeras, piel opaca, envejecimiento prematuro, obesidad (por desequilibrio de las hormonas del apetito), irritabilidad, falta de concentración para futuras tareas, bajo rendimiento y cansancio crónico.

Pero… ¿qué es el sueño y por qué es necesario? Simplemente pasamos un 30% de nuestra vida dormido. El sueño se caracteriza por la ausencia de conciencia y estímulos sensoriales externos. Para algunos científicos es un hábito y para otros una función biológica, ya que es un proceso que es regulado por el cerebro y en el cual baja el metabolismo, así como la intensidad y la frecuencia del ritmo cardiaco, también baja la temperatura de nuestro cuerpo, por ende sentimos frío. Es necesario para poder descansar y reponer sustancias químicas del cerebro, ya que éste se organiza y almacena información, tales como los recuerdos. Además, el sueño nos ayuda a repararnos.

El sueño consta de fases cíclicas en una periodicidad de 24 horas. La primera fase es la no MOR (movimientos oculares rápidos) o no REM (por sus siglas en ingles). La primera fase es la pasiva, es un sueño ligero donde se reparan los tejidos y consta de 4 etapas. Básicamente, en esta fase el tono muscular, los reflejos medulares y la regulación de la temperatura corporal se mantienen normales. En cambio, en la fase REM las características anteriores se ven disminuidas, es la etapa en donde realmente descansamos y el cerebro genera ritmos lentos y alargados, pero está activo, de hecho es la etapa en la cual soñamos. Los ojos se mueven rápidamente (de ahí viene el nombre de dicha fase). El ciclo del sueño dura entre 90 y 110 minutos contando ambas etapas y se repite de 4 a 6 veces durante la noche.

En muchas ocasiones nos sentimos con sueño y puede ser causas de algunos trastornos, tales como el insomnio primario, que según el DSM-V (Manual Diagnóstico de los Trastornos Mentales), tiene como principal síntoma la dificultad para iniciar el sueño. Hay que mencionar que algunos trastornos mentales, trastornos relacionados con la respiración o los efectos de algunos fármacos o sustancias causan insomnio; sin embargo el insomnio no es debido a éstos y se diagnostica como tal sólo si sucede durante al menos un mes.

Entre otros trastornos que refiere el DSM-V se encuentran: la hipersomnia, que se presenta cuando hay somnolencia excesiva durante al menos un mes; la narcolepsia: que presenta ataques de sueño irresistibles que aparecen día con día durante al menos 3 meses; disomnia no especificada: que puede incluir: quejas de insomnio o hipersomnia, somnolencia excesiva, síndrome de piernas inquietas (deseo por mover piernas o brazos y a veces con sensaciones como hormigueo, picazón, etc.) y, movimientos periódicos de los miembros (sacudidas sobre todo de extremidades inferiores).

Así mismo, se encuentran las parasomnias que son trastornos tales como las pesadillas, los terrores nocturnos (similares a las pesadillas pero al despertar se genera confusión, desorientación, taquicardia, sudoración y existe amnesia del episodio), sonambulismo (levantarse de la cama con mirada fija y perdida), entre otros.

Aunado a lo anterior, los problemas emocionales como la depresión, puede producir falta de sueño o algún trastorno de éste. De cierta manera asuntos inconclusos y la falta de inteligencia emocional afectan al sueño. Para evitar trastornos del sueño es necesario tener una vida mental sana, solucionar nuestros problemas, además de modificar los hábitos, tales como evitar el café después de las 5 de la tarde, utilizar solo la cama para dormir, contar con un colchón en buen estado, fijar horarios para acostarse, así como para levantarse, que no haya ruido ni luz, relajarnos antes de dormir como realizar alguna meditación o tomar un baño, comer algo ligero mínimo 2 horas antes de acostarse, adoptar una posición cómoda y acostumbrarnos a ella.